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Contratar
por actitud y despedir por actitud
El futuro de las empresas
dentro de poco tiempo será la de contratar a sus empleados por
actitud y no tanto por aptitud. De esta manera, las empresas estarán
orientadas a ser de excelencia al contratar a personas con actitud positiva,
es decir, con capacidades emocionales y de salud mental que se relacionen
con su misión, visión, valores y filosofía organizacional.
Jack Welch, ex –
presidente y CEO de General Electric, en una de sus últimas conferencias
decía que es necesario que las empresas retengan a sus mejores
empleados, desarrollne a los que tienen potencial y olvidarse por completo
de los empleados con actitud negativa.
Aplicadas estas palabras
a la situación que se vive en México, laboralmente hablando,
es que la tendencia apunta a que las empresas contratarán a sus
empleados por actitud y los despedirán por actitud. Incluso algunas
de ellas están reduciendo considerablemente su número de
empleados al punto de quedarse únicamente con su personal directivo,
mientras que todos los demás serán contratados por outsourcing.
Considero que la diferencia
entre las personas con actitud positiva, actitud neutra y actitud negativa,
varía en cuanto a la percepción que tengan de si mismos,
así como la forma en cómo es su autoimagen y la reflejan
al exterior.
Una persona con actitud
positiva es absolutamente responsable de su vida. Sabe perfectamente qué
es lo que quiere, conoce lo que ama y en consecuencia lo disfruta. Es
proactivo y no reactivo.
Una persona con actitud
neutra tiene arraigado a su “psique” un paradigma en el cual
necesita de la motivación exterior para actuar positivamente. Son
dependientes emocionales y su éxito precisamente depende de otras
personas, como por ejemplo que su jefe esté de buen humor o que
los clientes les hablen bonito.
Una persona con actitud
negativa no está a gusto con su vida y con todo lo que ocurre alrededor
de ésta. Vive aprisionada en su egocentrismo lo cual le hace ver
todo mal menos a si misma. Terrible error.
A nivel empresarial,
México necesita de mejores empresas y éstas necesitan de
mejores empleados. Las organizaciones que logren entrar a ese nivel, difícilmente
saldrán de él, y obligarán a que sus colaboradores,
como embajadores de su imagen, se comporten a la altura de lo que dueños,
accionistas, proveedores y clientes esperan de la empresa.
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