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La actitud en la vestimenta

Toda persona que se dice llamar profesional, o que realiza labores profesionales debe saber que su actitud en la vestimenta, refleja a los demás sus sentimientos reales, así como su forma de ser. Tan contundente y directa es esta afirmación, que los hechos en el mundo empresarial nos permiten constatarlo. Acompáñame para que, juntos, descubramos por qué es muy importante cuidar y mantener una actitud en la vestimenta.

Me encuentro sumamente sorprendido de la actitud en la vestimenta que están adoptando los colaboradores de las empresas actualmente, personas que en toda la extensión de la palabra, se dicen llamar profesionales pero por su forma de vestir, demuestran todo lo contrario.

Por otro lado, también estoy preocupado que muy pocas empresas tengan el interés por capacitar, al menos una vez al año, a sus colaboradores para que éstos sepan comunicar la actitud en la vestimenta, que, a través de ellos, quiere comunicar.

Tratando de comprender esta situación, aunque no la comparto del todo, me parece que pocas empresas saben en verdad qué quieren lograr. Están tan ensimismadas por vender, cobrar y atraer más mercados, que han perdido de vista uno de los caminos más poderosos y generosos que existen para lograr todo lo anterior y obtener mucho más, que es la Imagen Pública y su capacitación constante.

La actitud en la vestimenta es la forma en cómo los demás te perciben a ti o a tu empresa, a través de tu vestuario y lenguaje corporal. Es tu carta de presentación y, también, la de la empresa que representas. Es importante que, aunque no sea de tu total agrado usar cierta ropa o accesorios, por aquello de la comodidad, desarrolles la capacidad de adaptarte a estas situaciones.

Por lo tanto, si eres de los que se viste a la moda, solamente para aparentar algo que no eres, o eres aquellos que no les gusta usar saco y corbata, cuando tu papel profesional te lo exige, entonces, tienes un déficit de actitud en la vestimenta.

Hay cinco reglas, muy fáciles, que te quiero recomendar: 1) No tienes que invertir mucho dinero en tu guardarropa; 2) Usa colores oscuros para comunicar autoridad, los más claros para comunicar accesibilidad; 3) Vestirte profesionalmente, demuestra tu educación y tus buenos modales; 4) Recuerda, la marca no te hace más o menos importante, tu actitud hace la diferencia; 5) La calidad de tu ropa, es más importante que la cantidad.

Asimismo, si sigues fielmente estas cinco reglas, encontrarás grandes beneficios como, por ejemplo, el manejo de un guardarropa más versátil; lucir una mejor apariencia; ahorrar mucho dinero al comprar, así como comunicar tus valores y los de tu empresa, etc.

La actitud en la vestimenta puede ser tu más grande aliada, la cual te brinde mayores oportunidades y te acerque más decididamente al éxito, ó puede ser tu peor enemiga, la que se encargue de cerrarte las puertas.

En términos de mercadotecnia de la imagen, tu apariencia es similar al empaque de un producto. ¿Comprarías un producto, cuando su apariencia no te brinda la suficiente confianza, o simplemente, cuando percibes algo que no te gusta en el?

Lo mismo sucede con tu actitud en la vestimenta, solamente que tú estás, aproximadamente, doce horas por día, a la vista de otros, y en ese tiempo los demás se forman una percepción acertada o equivocada de lo que ven en ti.

Este caso, también, es de muchas empresas que, en su afán por hacer más negocio, cuidando más su forma (la técnica y experiencia) que su fondo (el trato y la apariencia personal), han olvidado que el cliente o usuario, con el inmenso poder de su vista, puede aceptarlas o rechazarlas en cualquier momento.

Por ello, mi felicitación a aquellas empresas que se han preocupado y ocupado de la actitud en la vestimenta de sus colaboradores, ya que pueden gozar de una buena reputación que es premiada con mercados más fieles y perdurables que los de su competencia.


 

 

La actitud en la vestimenta es la forma en cómo los demás te perciben a ti o a tu empresa a través de tu vestuario y lenguaje corporal.

Es tu carta de presentación y, también, de la empresa que representas.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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