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La broma

¿Por qué la broma puede ser un arma de dos filos? En ocasiones, es usada para agradar y romper el hielo, pero en otras, no causa ni la más mínima sonrisa. Le invito, estimado lector, a que me acompañe en este artículo para que descubra lo que no debe hacer con la broma y así no “manche” su imagen.

Una de las más grandes cualidades que todo profesional debe tener, es la de ser sensible a los demás. Y serlo, significa desarrollar esa capacidad de decir un comentario positivo y/o constructivo en el momento preciso.

En algunas empresas, hacer o decir bromas fuera de lugar, sobretodo viniendo de directivos o colaboradores que no se les da el ser cómicos, se ha convertido un elemento peligroso que ha perjudicado gravemente su imagen personal, al grado de que los demás ya no saben distinguir si sus bromas son bien o mal intencionadas.

Honestamente no tengo nada en contra de la broma, me parece que es una de las mejores medicinas que el cuerpo puede recibir diariamente, pero me opongo cuando ésta es usada para humillar o hacer pasar un mal momento a otros. Le describo una situación reciente:

“Hace unos días fui a una cena y en la mesa donde estaba se sentó una persona que aparentemente se considera muy graciosa. Tal vez por agradar, aunque en verdad no lo consiguió, se puso a decir comentarios “chistosos” a los demás, pero en especial a una persona en particular. Llegó un punto en que sus comentarios simpáticos, desnudaron sus intenciones reales, o sea un conflicto personal contra una persona, y agotaron la tolerancia de todos los que estábamos sentados en la mesa”

Ésta persona, que cometió el grave error de usar la broma para “agradar” a otros, le sucedió lo peor: ganarse el rechazo de los demás. Hacer o decir bromas fuera de lugar, y en concreto hacia una persona, deja como evidencia una “actitud filosa” de quien las hace, que asoma sentimientos negativos como el rencor, fracaso y venganza, por lo cual su imagen personal es “salvajemente manchada” y su reputación pierde puntos.

Observe en su empresa, cuántos directivos aparentemente brillantes se han ganado a pulso el mote del “chistosito incómodo”, y que en lugar de integrar a su gente, las desune con sus comentarios. Todos le huyen. ¡Tenga mucho cuidado si usted es uno de ellos!

Una forma de desarrollar nuestro sentido del humor sin herir a otros, y actuar con sensibilidad, es ser capaz de reírse de uno mismo, más no de los demás. Por ejemplo, resaltar un “defecto personal propio” o hablar de un incidente chusco reciente, genera un ambiente más positivo y relajado. A todos nos gustaría tener en nuestras empresas a alguien así.

Por eso, debemos aprender que la broma es tan perjudicial para nuestra imagen personal cuando no nos medimos; del mismo tamaño como si en el banco nuestro dinero ahorrado no existiera más.


 

 

 

Una forma de desarrollar nuestro sentido del humor sin herir a otros, y actuar con sensibilidad, es ser capaz de reírse de uno mismo, más no de los demás.

Resaltar un “defecto personal propio” o hablar de un incidente chusco reciente, genera un ambiente más positivo y relajado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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